viernes, 2 de marzo de 2018

Circular al Montón de Trigo por el blanco y silencioso bosque de Valsaín.


El Montón de Trigo. Cara SE.
El pico del Montón de Trigo (2.161m), en la divisoria de Segovia con Madrid, mirador al Sur sobre el valle del Río Moros y al Norte sobre la gran mancha del pinar de Valsaín, en invierno constituye una cima totalmente blanca, cubierta del típico hielo granular y escamoso formado por la acción del viento del norte que suele azotar estas alturas.

El itinerario de la circular de hoy se desarrolla en su totalidad por la vertiente segoviana, sin duda mucho menos transitada que la madrileña, atravesando los hermosos pinares que cubren la falda Norte, desde los 1.300m de altitud hasta los 1.900m, sin apenas encontrarnos con otras personas.

El circuito es el siguiente: Puente de la Cantina / Fuente de la Canaleja (1.324m) – Fuente de la Reina (1.620m) – Arroyo de los Horcajos – Collado de Tirobarra (1.979m) – Cima del Montón de Trigo (2.161m) – Collado de la Fuenfría (1.796m) – Fuente de la Reina – Puente de la Cantina. Soledad, espléndido bosque, desnivel total en ascenso “suficiente” (950m de D+) y 20 kilómetros de recorrido, del cual las tres cuartas partes con crampones y esquíes. La recompensa vale la pena.

La conexión con la naturaleza se produce en el mismo momento en el que nos adentramos en el pinar. Lo importante es el recorrido en sí mismo; el ascenso a la cima que forma parte de él nos resulta secundario.

La nieve escasea durante el primer tramo, por lo que toca acarrear los esquíes durante unos tres kilómetros, hasta los 1.450m de altitud, punto en el que por fin nos calzamos los crampones y los esquíes, a la par que abandonamos las marcas rojas y blancas que nos llevarían a la Fuente de la Fuenfría, tomando en su lugar una pista a la derecha, ya totalmente cubierta de nieve, que nos conducirá hasta la Fuente de la Reina, en la calzada romana que une Cercedilla con Segovia. La nieve que cayó en abundancia hace dos semanas se ha compactado y se presenta dura.

La Fuente de la Reina
Una vez en la Fuente de la Reina, tras aprovisionarnos de agua, descendemos una centena metros hacia Segovia, hasta llegar a una zona despejada. El recogimiento de este lugar nos retiene durante unos instantes.

Zona despejada. Al fondo el Macizo de Peñalara
Buscamos el sitio idóneo para abandonar la pista y entrar en el pinar que cubre el espinazo NE del Montón de Trigo. En dirección hacia el Arroyo de los Horcajos nos internamos en el encanto del bosque solitario, donde tan sólo se escucha el rascar de nuestros esquíes y crampones sobre la nieve.

Nos internamos en el pinar, camino del Arroyo de los Horcajos
Poco a poco, a la par que ganamos altura, mientras avanzamos rodeando el Montón de Trigo, va disminuyendo el porte de los pinos y aparecen más claros en el bosque.

La silueta del pico de la Pinareja se hace visible.

La Pinareja (cima de la izq.)
Estamos a punto de llegar a la zona alta y despejada que antecede al Collado de Tirobarra. Hace frío pero el viento está en calma. Un día perfecto de invierno.

Nos encontramos a 1.850m de altitud y tenemos a la vista la cima del Montón de Trigo. Estamos al pie de su cara NW. La amplia pala de dura nieve invita a remontarla directamente hasta la cumbre. En cualquier dirección el panorama merece la pena.

Cara NW del Montón de Trigo (cima al fondo)
Tras el primer plano del acebo, al fondo, la Pinareja
Echando la vista atrás, hacia el Macizo de Peñalara
Optamos, no obstante, por alcanzar primero el Collado de Tirobarra, un clásico de la zona, entre la Pinareja y el Montón de Trigo.

Apuntando hacia el Collado de Tirobarra
Transitar por la soledad de estas campas nevadas en un soleado día de frío invierno constituye una delicia para los sentidos.

 
Alcanzando el Collado de Tirobarra
Hielo granulado cubre la superficie del Collado y largas “crines” heladas adornan cualquier cosa que sobresalga del suelo.

Sobre el Collado de Tirobarra
A nuestra derecha la silueta de la Mujer Muerta, con la Pinareja (cabeza de la M. Muerta) en primer plano.


La Mujer Muerta. La Pinareja es la cima de la dcha.
A nuestra izquierda el Montón de Trigo, lugar hacia el que emprendemos la marcha.
 

Al fondo la cima del Montón de Trigo, desde el Collado de Tirobarra
La pendiente se incrementa en los últimos cincuenta metros de ascenso a la cima. Los crampones y las cuchillas de los esquíes hacen su labor sobre el hielo.

¡A cinco metros de la cima del Montón de Trigo!
 
Desde la cima del Montón de Trigo, vista sobre el Collado de Tirobarra y la Pinareja, al fondo
Paramos poco rato en la cima del Montón de Trigo, el tiempo justo para quitar las pieles, abrigarnos bien y poner los esquíes y las botas en modo descenso.
 
El ambiente calmado y la buena nieve, a sotavento de la cara S del Montón de Trigo, permiten un deslizar tranquilo, buscando los mejores pasos entre los árboles para alcanzar el collado de Minguete desde el que, sin detenernos, continuamos descendiendo por una amplia pala donde encontramos una nieve excelente, cosa inusual en este tramo, que aprovechamos al máximo hasta llegar al collado de la Fuenfría. En total unos cuatrocientos metros desde la cima, de empinadas palas que con esquíes saben a muy poco y con crampones hay que descender sin pausa.

Descendiendo hacia el Collado Minguete, al pie del Cerro del mismo nombre (cima de la izq)
Atrás queda el Collado Minguete
Llegados al Puerto de la Fuenfría iniciamos la suave bajada hacia la Fuente de la Reina. La capa de nieve que la cubre muestra profundas y abundantes huellas, testimonio de lo frecuentado que habitualmente está este tramo; si bien ahora, al atardecer, pocas personas encontramos ya. Es momento de cambiar crampones por raquetas. Los esquíes, en cambio, siguen en su sitio.

Con la vista puesta en la cima del Montón de Trigo, donde hace poco estábamos, emprendemos el retorno hacia la Fuente de la Reina
Vamos rodeando la ladera Este del Montón de Trigo, cubierta por un denso bosque de pinos, en dirección a la Fuente de la Reina, de la que nos separan poco menos de cuatro kilómetros.

Sobre una loma próxima algo más despejada, que se adivina unos  metros más arriba de una gran lazada del camino, se encuentran las ruinas del Pabellón de Casarás o Casa de Eraso, construido en tiempos de Felipe II. Bien distinto se muestra hoy el paraje del de hace dos semanas, cuando el blanco manto cubría suelo y árboles.

Pabellón de Casarás (arriba) quince días después de la gran nevada (abajo)
Retornamos a la pista y continuamos la marcha descendente hacia la Fuente de la Reina a donde llegamos enseguida.
 
Al final de la pista se encuentra la Fuente de la Reina
Acabamos de cerrar el círculo que iniciamos por la mañana. Hacemos nueva provisión de agua, que ya necesitábamos.

Tan sólo nos queda retornar hacia el Puente de la Cantina, por el itinerario de subida, recorriendo los poco más de cuatro kilómetros que nos separan del punto de partida.
 
Los rayos del sol poniente alargan las sombras de los pinos, mientras dejamos atrás el bosque, que queda a la espera de la noche y de las nuevas nevadas que se anuncian para dentro de pocos días.

El agua baja a raudales por los numerosos regajos de la parte baja.

La luna se posiciona en el cielo.

 
"Mira con cuidado, porque lo que verás no es lo que acabas de ver" Leonardo Da Vinci

9 comentarios:

  1. Vaya serie de excursiones nevadas llevas! Muy bonitas todas aunque ya parece que los habitantes del bosque no salen en las fotos, los espantas o están asustados de la cantidad de nieve? :-)
    Alegra la vista ver tanta nieve, eso es agua en el monte y en los pantanos para luego.
    Estoy esperando la próxima, un abrazo y mucha montaña!

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    1. Gracias Francisco por la visita y por el comentario.

      Los animalillos en invierno se dejan ver poco, puede que estén hibernando. Tan sólo algunas huellas en la nieve vemos. Pronto saldrán al descubierto ya.

      La nieve alegra tanto el presente como el futuro, así que ¡Haya mucha!

      Un abrazo

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  2. La hos...las imágenes de la nieve helada e impactada contra los pinos mediante el gélido viento que debía de soplar con la peor intención, seguramente durante la noche, me deja los dientes quebradizos.
    Sé que merece la pena por el paisaje y la jornada pero, que ganas le echáis valientes.
    Una maravilla, de verdad, que os voy a contar montañeros.

    Un abrazo (caluroso pa templarse un poco)

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    1. Cualquier calorcillo viene bien en medio de tan gélido entorno. La Sierra de Guadarrama está muy expuesta a los frecuentes vientos del Norte, con lo que sus partes altas presentan habitualmente unas corazas de hielo de lo más impactante.

      Tenemos asumido que a la montaña hay que ir aunque haga bueno ;-), así que algo de masoquismo también hay, también.

      Otro abrazo caluroso.

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  3. Hola Carmar.

    No es el Monte Perdido, pero tampoco en distancia le va a la zaga :) Veo que todavía se conserva un buen manto de nieve, aunque la diferencia de espesor en dos semanas se nota bastante, aún así un recorrido bello e interesante, que como suele ser habitual poco frecuentado.

    Un saludo.

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    1. Es otro nivel el Monte Perdido, sí. Aquí buscamos sacar partido al bosque, que eso sí que es distintivo en Valsaín. La longitud del recorrido resulta pelín larga para quien no va con esquíes.

      Salud y Montaña, Eduardo.

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  4. Sabe, antes de conhecer esta que agora chamo de beleza inexplicável, não gostava de tanto frio. Porém, ao sentir literalmente na língua, me apaixonei pela neve. Imagina estar ali com o amor da minha vida... um cena inesquecivelmente "calorosa'.
    Impressionante rota!!! Maravilhosas fotografias!!! Um prazer estar aqui... gracias!!!
    Um beijo

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    1. A pesar del hielo y el frío circundante el activo deambular aporta una sensación calurosa que, junto con "la cuesta arriba", ayudan a combatir eficazmente la baja temperatura.

      En esos momentos piensas más en los metros que aún te quedan por ascender y en cómo adaptarte al terreno helado que en la cena :-)

      Muchas gracias por tu visita y por el comentario.

      Un abrazo

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