domingo, 24 de septiembre de 2017

El Yelmo por la vía Valentina. Con tacto con la adherencia_v2.


El Yelmo es uno de los riscos más vistosos de La Pedriza. La cara Sur forma una enorme placa de granito rosado que se eleva 150 metros sobre su base hasta alcanzar la altitud de 1.717m. Contemplado desde la proximidad constituye un monumental paredón que produce admiración.

Caras Oeste y Sur del Yelmo
La "vía normal" transcurre por la Gran Grieta de la cara norte (una chimenea / diaclasa en dos tramos), aunque también se considera como tal a la vía Valentina, que asciende por el lado oeste del risco. Si la primera se supera por “frotamiento corporal” (tal es la estrechez del paso), en la segunda hay que echar mano de la “adherencia”, tipo de escalada en la que sostenerse sobre la roca es cuestión de composición mental en pugna con el instinto natural.

Teníamos pendiente esta subida al Yelmo por la vía Valentina desde hacía una temporada, así que la incorporamos como una parte más de un circuito atractivo, con origen y llegada en Canto Cochino, incluyendo en él: visita a la Lagunilla del Yelmo, subida por la vía Valentina, ágape con vajilla y mantel en la cima del Yelmo, descenso por la Gran Grieta y retorno por el Barranco de los Huertos.

A las 8 de la mañana iniciamos la marcha en Canto Cochino: Rícar, Fernando, Benjamín y yo, con las mochilas “inusualmente” repletas, el cuello protegido del frío y marcando buen paso para combatirlo, encaminándonos hacia la Gran Cañada y Collado de la Encina.  
Accediendo a la Gran Cañada
Dejando abajo la explanada de la Gran Cañada continuamos el ascenso hacia el Yelmo. La mirada se detiene en las distintas siluetas que cada uno interpreta a su manera.

Un buitre espera pacientemente a la formación de las térmicas para lanzarse a volar.
 
El sol ilumina y va caldeando la mañana. Las bellotas de las encinas pronto estarán maduras y servirán de alimento a los animales de cara al invierno.
 
Poco antes de llegar al collado de la Encina, con el Yelmo a la vista, abandonamos el camino que venimos siguiendo hasta aquí y tomamos una trocha hacia la izquierda por la que, en pocos minutos, alcanzamos el rincón donde se encuentra la Lagunilla. Avanzamos entre brezos y moles rocosas por un entorno solitario, bien ajeno al ajetreo de la senda principal que poco antes transitábamos.
 
La Lagunilla es un remanso de paz situado en un lugar que no resulta sencillo de localizar y que uno se resiste a abandonar. En esta ocasión, mediados del mes de septiembre, la encontramos sin agua, si bien el lugar mantiene el encanto que hemos venido a buscar.

Falta el agua en la cubeta de la Lagunilla.
Al otro lado de la Lagunilla el terreno es agreste. Descendiendo por él se alcanza el Barranco de los Huertos
Damos la espalda al Barranco y retornamos a la vacía cubeta.
Desde aquí enfilamos ya directamente hacia la base del Yelmo. Los ojos se fijan en el arranque de la vía que vamos a recorrer, y que en la distancia aparenta ser menos tratable de lo que en realidad resulta.
Un escalador sobre la Sur del Yelmo
Trazado de la vía Valentina
La vía de la Valentina, aunque su dificultad no es elevada (III en la placa de inicio, un II+ en el tercer tramo y en  el resto de II), no está libre de riesgos. Requiere aplicar desde el principio la especial y poco intuitiva técnica de “adherencia”, consistente en fiar y potenciar el apoyo de las suelas del calzado, usar las manos para apoyarse o asirse de los escasos resaltes que se puedan encontrar, trazando mentalmente la trayectoria de cada tramo antes de iniciarlo y, una vez interiorizada, comenzar decididamente la ascensión a pasos cortos y rápidos, como si se subiera por una escalera de gato. Cuantos menos titubeos durante el tramo, mejor y más seguro resulta.
Una vez superado el primer diedro se contornea la roca por la izquierda y se avanzan unos 20 metros, hasta colocarse en la vertical del siguiente largo, menos empinado, en cuya parte superior se ve un gran bloque, que después se sortea en bavaresa (II+).
Superando el diedro del primer largo
Bloque característico del segundo largo
Adherencia a tope y dificultad escasa, pero hay que andar con cuidado, porque la mente de los menos habituados puede dar lugar a alguna mala pasada. La cuerda ayuda en estos momentos.
Conviene atenerse a los dos principios siguientes: 1.- mantenerse alejado del borde de la gran pared Sur, y 2.- seguir la dirección marcada por los canalones verticales que se ofrecen a nuestra vista. Si se pueden superar por dentro, adelante, y si no, salirse al lomo y continuar hacia arriba. La adherencia es buena, las suelas se agarran más de lo que se pueda pensar y la pendiente no es excesiva. Cuestión de hacer trabajar a las pantorrillas y mantener a raya la imaginación. Poco a poco la progresión se hace natural.
El panorama, a medida que se gana altura, se hace cada vez más amplio.




 
Cima del Yelmo
Satisfacción en la cumbre y a por un almuerzo que literalmente “llama la atención”.
 

Una vez terminado el almuerzo nos ponemos de nuevo en modo marcha e iniciamos el descenso  por la Gran Grieta antes de que “se llene” de gente. Es tal su estrechez que sólo se puede pasar de uno en uno, y de costado, de forma que hay que guardar turno. Tenemos suerte y no hay que esperar. Nos sometemos voluntariamente al “peeling” contra el granito y desembocamos en la cara Norte.
Gran Grieta / Diaclasa de la cara Norte
Nos dirigimos hacia el Barranco de los Huertos, zona de vegetación y fauna muy pedricera, que por lo intrincado es pocas veces recorrido.
Entre moles de granito y altos brezos se va dejando atrás el Yelmo. Caminamos atentos a no perder la traza, fijándonos en lo que nos rodea.
Formas que se nos antojan “Dalinianas” (Rostros o testuces con nariz o trompa “derramadas”).
Cara con nariz derramada
Trompa derramada del Elefantito del Yelmo
Ásperas carrascas mostrando su capacidad de enraizamiento.
Transitamos por unos parajes en los que "cada cual está a lo suyo".
 
 
 
 
Bloques rocosos de formas diversas, sorprendentes en sus individualidades.
 
Tan encantados vamos que, finalmente, perdemos de vista las desvaídas marcas rojizas que nos guían. Nos damos cuenta de que ya no seguimos ninguna pero, yendo cuatro y portando cuerda, decidimos seguir adelante por lo intrincado y recóndito. Un aliciente más. A partir de ahora hablamos menos y nos fijamos más.
Sinuoso recorrido, destrepes ocasionales, espesa vegetación y finalmente aparecemos sobre un lomo rocoso al pie del cual se encuentra el camino que conduce a Canto Cochino.
Hemos completado un circuito entretenido y variado, gimnástico a tramos, visitando rincones recoletos y primitivos que tan a la mano están para quien los quiera buscar.
 

Al fondo, el Yelmo, bajo él, el Barranco de los Huertos, sinuosa cinta verde en el roquedo. A la izq., la Peña Sirio
Una vez más cumplimos las tres máximas en montaña: hemos vuelto sanos, hemos vuelto amigos y hemos alcanzado la cima.
Rícar (1er plano); Detrás, de izq. a dcha: Benja, Carmar y Fer.
 

sábado, 9 de septiembre de 2017

Picos de Xuans y Serrato en circular desde el Balneario de Panticosa. Una ruta de ibones y mojones.


El Pico de Xuans se yergue sobre el ibón de Labaza
El Balneario de Panticosa está emplazado a 1.630 metros de altitud, encajonado en un reducido valle tallado en la roca de granito por el efecto de la nieve y del hielo, rodeado de picos algunos de ellos con más de 3.000 metros de altura.

Sus laderas son muy empinadas, tanto al Oeste como al Este y tan sólo la “salida” hacia el Norte (en sentido Francia) modera su inclinación. Los tresmiles se ubican al Oeste (Infiernos, Arnales, Diente de Pondiellos, Garmo Negro, Algas, y Argualas), mientras que por el Este las cumbres se quedan algo por debajo de la cota si bien son tan escarpadas como las otras.

Francisco y yo elegimos un itinerario que, partiendo desde el Balneario, nos llevará a coronar la Peña de Xuans (2.831m) y el Pico de Serrato (2.881m), ascendiendo por la Majada de Serrato, ibones del Serrato y Labaza, al pie de los Dientes de Batanes, hasta el collado (2.766m) entre el Pico de los Batanes y la Peña de Xuans, ascendiendo a ésta y luego al P. Serrato en recorrido de ida y vuelta.

Para el retorno completamos la circular descendiendo por la muy empinada pedrera que baja directa hacia el ibón de Coanga, cruzando luego por la base el barranco de Labaza y pasando junto a las balsas de Lumiacha, entroncando finalmente con el Camino de los Machos siguiéndolo hasta el Balneario. Un circuito de algo más de 15km de longitud salvando un desnivel acumulado en ascenso de 1.350m de D+ por un terreno siempre muy pendiente; boscoso hasta los 2.200m de altitud, que constituye el 30% del recorrido total, mientras que el 70% restante discurre por cuencas lacustres y extensos pedregales donde perder los mojones se convierte en garantía de progreso lento y muy trabajoso. Afortunadamente los hitos se ven bien.

Aprovechando el pronóstico de una ventana de tiempo estable hasta las 2pm, iniciamos la marcha en el Balneario a las 7:15am tomando el GR11 que empieza junto al edificio Casa Belio y que seguimos en dirección a los ibones de Brazato.

¡Qué agradable resultan las primeras zancadas de la mañana! Apenas se nota lo deprisa que se sube.
Mientras caminamos a la sombra por la buena senda observamos cómo el sol ya comienza a iluminar las cumbres del Garmo Negro y Argualas. Aún tardará un rato en alcanzarnos en esta vertiente.

Argualas (izq) y Garmo Negro, a continuación. Semioculto por la rama el Arnales (dcha)
A la altura de los 2.000m, en una curva a la derecha que hace el sendero, hay una roca en la que, con pintura roja desvaída, aparece la indicación de Labaza, a la izquierda, y de Brazato, a la derecha.  Tomamos el estrecho sendero que sale a la izquierda en dirección a Labaza.

Matas de rododendros y arándanos, junto con los cada vez más escasos pinos, verdean la empinada ladera a medida que vamos ganando altura. Más arriba se ve el acueducto que sostiene una tubería de agua que conecta alguno de los ibones.

Las lazadas del sendero permiten progresar fácilmente a pesar de la pendiente.

A la altura de los 2.300m nos percatamos de que el acueducto queda ya por debajo de nosotros y de que la senda se acaba, dando paso a “la pedrera” por la que deambularemos a partir de ahora. Comienza el “seguimiento” de los mojones que nos indican el mejor trayecto hacia los ibones de Serrato.

Abajo, el "acueducto" y algo más abajo el Balneario, todavía a la sombra
Alcanzamos el primero de los ibones y después el segundo. Ya nos va a dar el sol.

Mirando hacia atrás vemos la Sierra de Partacua, de la que sobresale la Peña Telera.
Continuamos ascendiendo hacia el ibón de Labaza. Los Dientes de Batanes cada vez más próximos.

Los hielos han dejado sus trazos sobre las rocas. Al fondo, los Dientes de Batanes.
Superamos un montículo y el ibón de Labaza queda algo por debajo de nosotros. Continuamos circunvalándolo. La peña de Xuans se yergue a nuestra izquierda. Los hitos marcan un trazado que se aleja de ella y se encamina hacia el pie de las paredes de los Dientes de Batanes. Después gira y, casi llaneando, alcanzamos el collado entre los picos de Xuans y de Batanes, con el Pico de Serrato también a la vista pero algo más alejado.


A la izq. el Pico de Xuans, con el ibón de Labaza a sus pies; a la dcha. los Dientes de Batanes
El tiempo sigue siendo bueno y las nubes no llegan a consolidarse. Podemos pues ascender a la Peña de Xuans y después, ….., bueno, decidimos ir por partes y actuar en función de la meteorología.

Pico de Xuans desde el collado entre éste y el primer Diente de Batanes
El ascenso al pico de Xuans (2.831m) es sencillo y lleva poco tiempo. Escasos 70m de desnivel en los que se trepa por una chimenea fácil antes de alcanzar la cima.

Trepada inicial hacia el Xuans
Chimenea previa a la cima (durante el descenso)
Las vistas desde la cumbre son hermosas y amplias.



El Pico de Serrato desde la cumbre del Xuans
Como el cielo sigue estando despejado, y el Pico de Serrato “está ahí”, optamos por ascenderlo también.

Parece cerca, pero está algo más lejos de lo que aparenta. La ascensión al Serrato, sin ser difícil, es más trabajosa que la del Xuans. El primer tramo lo realizamos ganando altura por la vertiente Este de la cresta, encaramándonos a la misma ya al final, cuando no queda más remedio.

Vista del Pico de Serrato desde el collado al pie del Xuans. Se asciende por la ladera de la dcha.
Unos cuantos metros más por el filo de la cresta, aérea pero segura, sin problemas técnicos, y alcanzamos la cima del segundo de los picos de hoy, el Serrato (2.881m). Otro mirador de primer orden.


Los ibones de Bachimaña desde la cumbre del Serrato. Al fondo, a la dcha., el Balaitous. En el centro, con su marmolera blanca, los Picos del Infierno.
Desde la cumbre observamos la empinada y gran pedrera que nos espera para el descenso. Los ibones de Bachimaña quedan muy abajo, y las líneas de nivel que se ven en el mapa están muy, muy juntas.

Así que, sin más demora, que las nubes ya van cobrando cuerpo, nos ponemos en marcha y adelante ¡Que a partir de ahora todo es bajada!

Cresteando tras dejar atrás el mojón cimero de la cumbre del Pico Serrato.
Vamos siguiendo los mojones entre el caos de rocas y bloques de granito. Atrás queda el collado que separa al Serrato y del Xuans,

El Serrato, a la izq; el Xuans, a la dcha; en el centro, el collado entre ambos. Descendiendo hacia el ibón de Coanga.
Por delante más terreno duro y pedregoso hasta el ibón de Coanga. Las conocidas “zetas” de la Cuesta del Fraile aparecen como diminutas trazas en la ladera de enfrente.


El ibón de Coanga. Tras él, en la otra ladera, las zetas de la Cuesta del Fraile.
Nos damos cuenta de que, siguiendo los hitos, nos hemos desviado de nuestro objetivo y nos estamos encaminando hacia los ibones de Bachimaña.  Afortunadamente la deriva no ha sido excesiva, de manera que corregimos el rumbo y, pedrera a través, vamos a la búsqueda de la bajada correcta hacia Coanga, que no tardamos en encontrar.

Entre el recoleto ibón de Coanga y nosotros se interponen unas terrazas rocosas cuyos pasos hemos de buscar ¡Por algo están tan juntas las líneas de nivel en el mapa! 


Descendiendo por "las terrazas"
Con intuición e hitos conseguimos llegar por fin al ibón de Coanga (2.315m), muy escondido y fuera de las rutas más concurridas ¡A partir del cual ya hay senda! El resto de la bajada lo afrontamos con un mejor talante, porque verdaderamente hemos quedado saturados de pedrera.


Ibón de Coanga
A partir del cual ¡Ya hay senda!, o casi.
El descenso por el bien trazado sendero permite ir contemplando la masificada “ruta normal” de acceso a los ibones de Bachimaña desde unas perspectivas novedosas y muy poco frecuentes.

Las moles de los tresmiles del otro lado resultan imponentes desde éste.

El camino que seguimos salva sin problemas una zona algo cortada antes de introducirse de pleno en el bosque.

Atrás quedan las alturas de las que venimos.

Por delante ya se divisa el lago del Balneario.

Pero antes el camino nos depara la sorpresa de pasar junto a las bucólicas balsas de Lumiacha (1.950 m).

Balsas de Lumiacha
Al poco de dejarlas atrás dos sarrios, hembra y cría, captan nuestra atención; se dejan fotografiar y desaparecen al poco.

La jornada va tocando a su fin; entroncamos con el Camino de los Machos, pasamos bajo la gran tubería que, desde los ibones en altura, lleva el agua a la central eléctrica de los Baños de Panticosa y enlazamos con el punto donde por la mañana optamos por tomar la dirección hacia los ibones de Brazato.

Unos pocos metros más adelante llegamos de nuevo a la escalinata junto al edificio Casa Belio, completando así una circular exigente, coronando dos “casi tresmiles”, que nos ha permitido transitar por lugares agrestes y apenas frecuentados (tan sólo dos personas encontramos cerca del ibón de Coanga, Josefina y Jesús, junto a los que hicimos la última parte del recorrido), desde donde se tienen unas perspectivas muy novedosas de un territorio conocido y visitado con asiduidad, solo que por otros itinerarios mucho más habituales.


¡Hasta la próxima! ¡Salud y Montaña!